Capítulo · 29 de mayo de 2026

Regulan la IA sin saber IA

España empieza a regular sistemas de inteligencia artificial con inventarios, supervisión y sanciones. El capítulo explica qué se quiere controlar, por qué la responsabilidad importa y cómo cambia la frase cómoda de “lo decidió el sistema”.

Momentos clave

Clips de este episodio

Capítulos

  1. España empieza a regular la IA
  2. Se acabó esconderse detrás del sistema
  3. Riesgos, derechos y obligaciones
  4. Sandboxes, trazabilidad y multas

Transcripción completa

Texto completo usado para búsqueda, accesibilidad y navegación por momentos.

España empieza a regular la inteligencia artificial.

En algún servidor, muy remoto ahora mismo, un

algoritmo acaba de descubrir que en España hasta

el futuro tiene que pasar por ventanilla.

Ayer eras inteligencia artificial, hoy eres un sujeto

supervisable.

Bienvenido, coge número porque empieza Prompt & Play.

El 26 de mayo de 2026, el Consejo

de Ministros aprobó el proyecto de ley orgánica

para el buen uso y la gobernanza de

la inteligencia artificial.

Ahora va al Congreso, puede cambiar, pero ya

sabemos hacia dónde va.

España quiere aplicar aquí el EIA Acte Europeo

con autoridades, multas, inventarios y reglas para que

la inteligencia artificial que se mete en decisiones

delicadas puedan responder.

Así que bueno, se acabó eso de lo

decidió el sistema, porque el sistema ha sido

el mejor empleado en los últimos años.

Trabaja gratis, no protesta, no pide vacaciones y

cuando va mal nadie sabe dónde vive.

Cuando una empresa te descarta o un banco

te pone una mala nota, una administración te

deja en espera eterna y preguntas qué ha

pasado y alguien con una paz insultante te

dice que ha sido el sistema.

Como si fuera una aparición mariana con Wi

-Fi.

La nueva ley intenta hacer algo un poco

básico.

Si usas inteligencia artificial en algo serio tienes

que poder explicar qué has usado y quién

responde.

El EIA Acte Europeo divide la EIA por

riesgos.

Hay algunos usos que directamente están totalmente prohibidos,

como por ejemplo manipular personas, explotar vulnerabilidades, usar

biometría para sacar conclusiones íntimas y lo que

más miedo me da desde que vi Black

Mirror, montar puntuaciones sociales.

La puntuación social es una idea que sólo

puede gustarte si eres macabro y te gustan

las encuestas de satisfacción.

Ya te valoran después de un taxi, después

de una llamada al banco, incluso después de

comprar un maldito cargador.

Sólo faltaba que el Estado encima pudiese decir

que eres un ciudadano correcto dependiendo la puntuación.

Luego, bueno, están los usos de alto riesgo.

Aquí entra la inteligencia artificial que toca trabajo,

educación, justicia...

Bueno, ya sabéis.

La ley no la expulsa de esos sitios,

sino que encima le pone condiciones.

Les obliga a documentar, probar, supervisar y dejar

rastro y sobre todo que haya una persona

capaz de revisarlo.

Ahora viene la parte que nos gusta, la

del dinero.

¿Cuánto cuesta violar estas normas?

Pues hasta 35 millones de euros o el

7% de volumen de negocio mundial en

los casos más graves.

Hay una parte que es especialmente seria, que

son los deepfake sexuales.

La Unión Europea acordó el 7 de mayo,

con impulso de España y apoyo de Francia,

prohibir sistemas que generen deepfakes sexuales no consentidos

y material de abuso sexual infantil.

Y aquí no hay chiste.

Crear una imagen sexual falsa de alguien sin

permiso es macabro y violencia y me alegro

de que se trate como lo que es,

un delito.

La administración también entra en la ley.

Si el sector público usa inteligencia artificial en

procedimientos administrativos, tendrá que apuntarlo.

Si una IA participa en tu expediente, tiene

que estar registrado y no puede quedar oculto

como si fuese una tragedia informática, porque ya

era bastante difícil saber qué pasa con un

trámite cuando lo lleva un humano.

Añadir una caja negra y llamarlo modernización era

demasiado optimismo incluso para nosotros.

Bueno, la ley también habla de sandboxes, que

son los entornos de prueba.

Porque tiene sentido.

Antes de soltar una inteligencia artificial en decisiones

reales, que se equivoque en un sitio controlado,

como hacemos todos.

Ahora le toca al Congreso.

Habrán cambios y habrá pelea.

Habrá titulares diciendo que esto frena la innovación.

Y bueno, para eso está el debate, ¿verdad?

Pero la dirección creo que es buena.

La IA puede ayudar muchísimo.

Puede quitar papeleo absurdo, detectar errores, acelerar trámites.

Perfecto.

¿Que ayude?

Para mí me parece genial.

Pero si decide, recomienda o empuja una decisión

que afecta a alguien, tiene que dejar huella.

Y alguien tiene que firmar.

Y hay una cosa que me preocupa de

la misma manera que me preocupó lo del

EA de Acte Europeo.

Y es que España no está poniendo ingenieros

de IA a regular la inteligencia artificial.

Está poniendo a políticos, juristas y reguladores de

datos a controlar donde la inteligencia artificial toca

derechos.

Y eso, bueno, no es automáticamente malo.

Pero si detrás no hay músculo técnico real,

la ley corre el riesgo de regular powerpoints

mientras sus modelos hacen parkour por detrás.

Personas que son relevantes en este caso ha

sido Óscar López, que es el ministro para

la transformación digital y de la función pública.

María González Veracruz, que es la secretaria de

Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial o Alberto

Gago Fernández, que es el director general de

la Agencia Española de Supervisión de Inteligencia Artificial.

Como veis, son tres personas que creo que

están muy capacitadas, pero que técnicamente no han

trabajado con la inteligencia artificial.

Así que ya veremos lo que pasa.

De momento toca esperar y ver cómo va

el debate.

Esto ha sido Prompt and Play.